sábado, 16 de mayo de 2026

Rocío Expósito, Asombro

 




Viene a mis manos este bello libro de Rocío Expósito, Asombro, cuyo planteamiento se asemeja a la simplicidad de un paisaje sin formas, que deriva de esa forma métrica tan singular que es el haiku, aunque el libro no esté estructurado así. Como llega a decir al comienzo, todo está construido sobre el hecho de que no hubiera nada, que hasta la luz nos vacía, y todo transcurre en un extrañamiento y sin querer. Quizás como en versos de Tomás Sánchez Santiago: «la intimidad oscura de los dedales alejados / del uso», el hecho de este extrañamiento, esta intimidad fructífera de lo que no sirve para nada, de esa luz que nos vacía. Llama «borde de la tarde» a eso que está cerca de la noche, a lo más cercano que estamos de la muerte cuando alude a las avispas que mueren. Esa luz nos deja trazado el día inútilmente. Estos versos me llevan a las palabras de Chantal Maillard, de «ver es pensar», esa posibilidad de deshacernos del yo y su aprendizaje, donde surge un observador que ofrece una mirada desde la que captar la realidad sin prejuicios[1].  Creo que esto es lo que hace el sujeto poemático en estos versos, observar la realidad desde sí mismo, incorporar un trazado donde, lo que se ama, peligra en un momento dado, y es bello. Estamos dentro de la belleza del mundo, aunque no lo creamos, como dicen los versos de Santiago. Al observarse a sí mismo, descubre un sentido incompleto con el que reconoce al ser amado, y el silencio se presenta como «una forma de no estar nunca». Se incluye el concepto de corazón como un lugar que dejamos morir, por eso somos amados. Una piel inversa que nos define y donde cambiamos, esa posibilidad de deshacernos de ese yo y aprenderlo de nuevo.

          Expósito llega a decir que esperar algo de la poesía es «una iniciación al cielo». Una realidad sin prejuicios como diría Maillard. Entonces descubrimos la belleza y hay Asombro, el título del libro. Rocío Expósito construye una poética: como en el verso «siempre mi voz como si fuera suya».



[1] https://cuadernoshispanoamericanos.com/chantal-maillard-es-para-tocar-la-ternura/


miércoles, 6 de mayo de 2026

Jorge Sosa, Pony Yoghurt con cenizas


 ¿No cabría la posibilidad de que fuera imposible que un poeta español escribiera como un poeta sudamericano? ¿El poeta español sería un lago tranquilo que se deseca, y el poeta sudamericano un torrente que afianza el lago? Leo a Jorge Sosa (Pony-Yoghurt con cenizas), que en 2020 editó la Editorial Liliputiense, y he recordado las palabras de Jean Luc-Nancy, que dicen que la humanidad no hace caso a sus profetas, porque está obsesionada con la productividad técnica, la rentabilidad inmediata, y la creencia de que el ser humano es la medida absoluta de todas las cosas. Y Jorge Sosa en el poema La piedad según Lindsay Lohan dice en referencia a la labor de su hija de quitar los insectos del agua, estos versos: («su labor es sagrada / en nuestra guerra contra la vida.») Es el resumen del poemario, un margen imperfecto que Sosa encuentra por traducir ante el descalabro del mundo. Cuando Nancy apela a un profeta, no lo hace en el recuerdo de alguien religioso que nos advierte. En esa figura cabe toda la Historia del Arte, y Mafalda, según Sosa, elige el camino de la eternidad: («Metí la cuchara en la sopa / y me di cuenta / de que me estaba sumergiendo / en la eternidad.»), la eternidad de una niña que habla del infinito como terciopelo y que no sabe distinguir entre («el valor de una oferta en el supermercado o una vida humana.») ¿Y no sería esto lo que el ser humano está construyendo? Ante la televisión, Internet, las Redes Sociales, ¿vivimos enmascarados ante situaciones como la guerra que es mal olor, vísceras esparcidas por cualquier lugar, muerte, y como dice Nancy, el mundo viviría sin esperanza porque ya se han recorrido todos los extremos y no la hemos encontrado? Sosa habla de que un poeta debería («aprender a nadar para / en caso de caer al mar o a una alberca / no ahogar a nadie más.») El poeta como emprendedor de esperanza, elegir la hospitalidad de las palabras para encontrar esa esperanza. ¿Y cómo se aprende a nadar-adaptarse a este mundo? ¿No hacer como Platón en la República, sino apelar a la catarsis en la Poética de Aristóteles? ¿Pero qué hemos hecho mal para que hoy en día un poema no produzca catarsis? Al poeta, según Sosa, le gustaría estar («lejos de la cancha, ese jardín donde nunca han crecido flores.») El mundo está sumergido en una virtualidad que lleva a la tristeza. He oído decir a mi sobrina con ingenuidad que su tik-toker favorito había leído su comentario cuando eso no lo puede saber jamás. Y ahora que Sosa había sido invitado por la editorial a Cáceres, al declamar sus versos Sosa argumenta que, en ese intento, ha fracasado. Elegir ese fracaso también es una forma de estar en el mundo.

Rocío Expósito, Asombro

  Viene a mis manos este bello libro de Rocío Expósito, Asombro, cuyo planteamiento se asemeja a la simplicidad de un paisaje sin formas, qu...